sábado, 17 de marzo de 2012

Que nunca va a volver.

9:45 de un día nublado.
Las nubes no tardarán en explotar en miles de gotitas de agua. Los pájaros, con su canto continuo auguran la próxima tormenta. Estoy de pie, mirando a la calle a través de esa ventana con el pijama. No me lo he quitado desde que llegué a casa aquel día. La caja rosa sigue ahí,a los pies de la cama. No he tenido el suficiente valor para tirarla. Pero ahora no debo pensar en eso, tengo que salir adelante. La tormenta acaba de estallar. Puedes ver a cientos de peatones apresurándo su paso, algunos incluso corriendo. El tráfico se está desorganizando bastante y se puede intuir los difícil que será circular durante todo el día. Me quedo un largo rato mirando por la ventana y luego me siento en la cama. Intento no pensar en nada, pero es imposible. Todos lo recuerdos me golpean a la vez. Todos sus besos, sus abrazos, sus regalos, sus palabras de ánimo, sus "te quiero muchísimo princesa", esa tarde en la playa, el día que de me declaró.Y luego, el peor de los recuerdos que tengo de él.

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